lunes 14 de diciembre de 2009

La maestra Diana


Eran las cuatro de la tarde. Salí de mi casa rumbo a la vivienda de mi amiga Isabel. Llegué al lugar a la hora citada: cuatro y media. En el departamento de Isabel ya se encontraba Jorge, conocido por todos los amigos como Machuca, Marvin, quien tiene el cuerpo voluminoso y de buen tamaño y usa siempre unas gafas color azul, y Diana, una mujer de humilde estatura, de cara simpática y de muy buena honda.

Machuca propuso hacer la chanchita para sacar las chelas. Cada uno dio su cuota y fuimos a comprar las cervezas a la bodega que quedaba a la vuelta de la casa. Pensé que compraríamos las chelas de siempre, la de botella normal. Pero me equivoqué. Machuca le pidió a la señora que atendía la bodega una cerveza Cristal tamaño margarito. Ésta consistía en una botella de un litro. Me quedé idiota, era la primera vez que iba tomar chela con ese tamaño de botella. Sacamos tres para empezar.

Ya acomodados en la sala de la casa de Isabel, con las chelas bien heladitas, empezó la reu. Escuchábamos música a través del celular de Jorge. Todo andaba bien. El vaso rotaba y las risas se escuchan por toda la casa. Recordábamos anécdotas que nos habían pasado en el primer y segundo ciclo de la universidad. En esa tarde me enteré de todo: que tal fulano estaba con alguien, que la otra le sacó la vuelta, que tal persona no me cae, que tal profe es chévere y que el otro es un desgraciado y así cosas por el estilo.

Las horas pasaban y las chelas ya se habían acabado. No hay ronda primera sin segunda. Fuimos por tres chelas más, bien al polo, y cajetillas de cigarros. La gente ya estaba empilada. Nos hubiéramos puesto a bailar en el garaje de la casa si no fuera por los vecinos del edificio, no queríamos recibir ninguna queja de ellos y menos causarle problemas a mi amiga Isabel.

Ya en la segunda ronda de chela, mi cuerpo empezó a sentir cómo el líquido de la cerveza corría por todo mi organismo, desde la cabeza hasta los pies. Uno sabe cuando está borracho. Te sientes como si te lleneras de valor y en ese momento quisieras hacer todo lo que no harías de sano, al menos eso me pasó a mí. Veía doble a mis amigos, sentía que mis ojos se iban nublando, borrosos. Sentía que en cualquier momento vomitaría la comida que había ingerido en el almuerzo.

No era el único borracho en ese círculo de amistad. Recuerdo que los demás también estaban ebrios, bueno, excepto por Machuca. Si mi memoria no me falla, él estaba bien parado, duro, rígido, se sentía normal, su cuerpo ya estaba acostumbrado a recibir tanta bebida alcohólica.

Recuerdo también que en ese día aprendía a fumar. A fumar de verdad, a saber golpear el humo en tu garganta. Diana me ofreció un cigarro, al principio no le acepté, por dos razones: primero, porque en ese momento no sabía fumar y me daba roche decírselo y segundo, porque no me gusta que el humo del cigarro se penetre en mi ropa.

Pero después Diana me dijo:
-Chato, ya es hora de que aprendas a fumar, no te pases pues… yo aprendía a los catorce años.

Jorge, Isabel y Marvin me alentaban y me daban ánimos para que yo acepte la propuesta. Y me dejé llevar por la corriente.
Bueno- me dije así mismo- ya, qué chucha, voy a aprender. Además ya es hora de que sepa fumar. Total, una vez al año no hace daño.

Diana me daba los primeros pasos para ser un buen fumador. Cómo agarrar bien el cigarro y qué técnicas se usan para ser un buen golpeador. Quería a toda costa que yo aprendiera a pitar bien el cigarrillo. En la primera fumada-y creo que eso le pasa a los principiantes- me tragué el humo, haciéndome toser por un buen rato. Mis patas se empezaron a reír.

Vamos, tú puedes- me decía Diana. Ya en el segundo intento, sentí que el humo que había inalado se bajaba lentamente por mi garganta, como si estuviera tomando aire, y, en eso, siento por fin que de mi boca sale humo: era el efecto del cigarro, como un comprobante que estás pitando de verdad. “Ese mi chato, carajo” escuché decir a mi causa Machuca.

Mi maestra Diana se alegró un poco, pero no estaba satisfecha de lo que yo había hecho, ya que había expulsado el humo muy rápidamente. Me dio un consejo: “Tienes que botar el humo despacio y suave. Mira” y me puso un ejemplo. Dio una pitada. Pude observar como su boca pequeña aspiraba el cigarro, lo hacía con un toque muy sensual, que a veces, me daban ganas de ser en ese momento el filtro del cigarro y no el alumno aprendiz. Su boca expulsó todo el humo hacia mi cara, haciéndome toser un buen rato. Se empezó a reír y me dijo: “Viste. Ahora hazlo tú” y me entregó el pucho.

Lo hice tal como ella lo había hecho. Hice que mi boca despida muy lentamente el humo hacia a su cara coqueta. Esta vez sí me salió. Diana se alegró y me felicitó. Poco a poco empecé a garrarle maña y el gusto al cigarro. De tanto practicar, la cajetilla ya se había agotado. Fueron a comprar más a la tienda. Pensé que con esto ya había logrado un puesto en el club de los fumones, pero no, me equivoqué. Aún me faltaba mucho por aprender otros truquitos. Con la copa en la mano, Diana atinó a decirme: “Y ahora… el submarino” ¿el submarino? Me decía entre sí. “Mira y aprende”, me dijo mi instructora.

Dio una pitada al cigarro, bebió el vaso lleno de cerveza, esperó un momento… y después, expulsó el humo. Qué tal maestra la que me había tocado. ¿Lo podía ser?, me preguntaba. “No seas mala con el chato. Pucha, si lo haces, te aplaudo causa”, me decía Marvin. Machuca me dijo que a él le tomó mucho tiempo en aprender a dominar esa técnica. Me llené de valor y acepté el nuevo reto.


El vaso que me había servido estaba revalsando, tenía que agarrarlo con cuidado para que no se derramara la chela. Diana me alcanzó el cigarro, lo cogí con cuidado, estaba nervioso, tenía miedo quedar en ridículo como la primera vez delante de todos. Respiré hondo, di una pitada al pucho, esperé un toque, cogí el vaso lleno, me la empecé a tomar, ya estaba por la mitad del vaso, cuando de pronto, no agunté la respiración y el humo se había escapado por mi nariz.

Otra vez la gente se carcajeó de mí, menos Diana. Ella era la única que confiaba en mí, me daba ánimos. No quería decepcionarla, pretendía demostrarle a ella que era un buen pupilo. Me armé de valor, así que lo hice de nuevo. Seguí los mismos pasos. Y esta vez, si me ligó. Mi pata Machuca se quedo cojudo. “Nooooo… ese chato la cagada, buena maestra es Diana, caracho” dijo mi amiga Isabel. Pues la verdad tenía razón, me había tocado una profesora excelente. Tenía mucha paciencia y elegancia a la hora de fumar, y, sobre todo, sabía coquetear con el humo del pucho. Era su estilo, su forma de fumar un pucho. Tenía cara de inocente, de angelical, pero a la vez, en su interior se reflejaba una chica atrevida. Así era mi maestra ¿Quién no aprende al toque así?


martes 30 de diciembre de 2008

El último día del año

Hoy es 31 de diciembre, el último día del año. Hoy la tierra dá su último giro número 365.¡Qué rápido se pasó el año! esucho decir a mi madre. Y tiene razón.

La gente se prepara para recibir el año nuevo, cada familia lo pasa a su manera, cada uno tiene su cávala, pero todos con los mismos deseos: amor, paz, salud y mucha, pero mucha prosperidad.

...

Año Nuevo, todo nuevo.

Día 31 de diciembre.

Salgo de la ducha. Son las 8:30 de la noche. Entro a mi cuarto. Encuentro un calzoncillo amarillo en la cama, no es novedad para mí, ya es costumbre desde que tengo uso de razón. Mi madre siempre me regala uno porque dice que trae buena suerte pasar el año nuevo con ropa interior amarillanta; y si pasas con calzoncillo rojo dicen que te va bien en el amor. Este último le oí decir a mi tía.

Del ropero, saco mi ropa nueva. Me cambio, y mientras lo hago, empiezo a recordar las cosas buenas y malas que hice en todo el año. Las cosas chéveres que me pasaron, deseándo volver a vivirlas, pero otras, en cambio, las cosas malas que hice o oportunidades que perdí, trato de no recordarlas, pero mi memoria se acuerda de ellos y me maldigo a sí mismo por no aprovecharlo y por lo estúpido que fuí.

El reloj marca las 10 de la noche. A esa hora en Argentina ya están recibendo el Año nuevo. Imagino a mi primo Edson que está allá, celebrando con todos sus hermanitos, dándole un beso a su mamá- que es mi madrina- , abriendo el champán para dar el brindis de honor, abrazándose unos a otros y recibiendo el año con muchos deseos. ¿Allá también quemarán muñecos a las 12 de la noche? ¿Cómeran las 12 uvas? No lo sé. No creo que sean tan superticiosos como nostros los peruanos que esparamos algún milagro que nos cambie la vida. Veo el reloj y son las 10:30. Acá, en Perú, falta una hora y media para recibir el año nuevo.

Yo el Año Nuevo no la paso en mi casa. No. Lo paso en la casa de mi abuela Hilda, en Barranco. Ya es una tradición en mi familia que en Navidad la pase en Surco con mi abuelita Elena, la mamá de mi papá, y el Año nuevo con la mamá de mi mamá. Hasta ahora no sé qué es pasar año nuevo en mi propia casa. Ver cómo celebran la gente del barrio, si revientan cohetes o queman sus muñecos. Pasar Año nuevo en mi casa es algo que siempre e deseado y espero que algún día se cumpla.

11:30 de la noche. LLegamos a la casa de mi buela Hilda. Saludo a todos mis tíos y primos que están por ahí. Le propongo a Alex, mi primo, que me acompañe a comprar cohetes. Miestras camino por esta calle llamada Talana, veo a niños jugando y corretando por la pista, otros, prendiendo sártas y cañas. Lo que más llama mi atención son los muñecos que están por ahí. Hay un muñeco que está sentado en una silla abrazándo una caja de panetón D´nofrio; otro por allá, tiene peluca rubia y el rostro dibujado de expresión riste, viste un jean y una camiseta de la U, donde se puede leer "MUERAN GALLINAS" ; está colgado en el techo de una casa rosada. Hay muñecos famosos, si por así decirlos:de Alán García, George Bus, Osama Bin Laden; pero en una casa armaron al hombre más odiado del Perú: Vladimiro Montesino, vestido de preso y encerrado en una celda hecho de madera. Valla que lo hicieron hecho igualito.

lunes 13 de octubre de 2008

Ella

Me pregunto por qué aún sigo pensando en Ella. Hace meses que no la veo. Pensé que quizás con el tiempo la iba a olvidar, pero veo que me equivoqué.
Parece como si fuera ayer cuando me despedí de Ella, dándole un beso en la mejilla y diciéndole por qué se tuvo que terminar, le abrase tan fuerte; y entre lágrimas se despidió y me dijo que la olvidara y que por favor no la buscara.

Así lo hice. He cumplido el juramento hasta el día de hoy. Al principio me costó mucho trabajo, mi corazón no soportaba su ausencia, las noches, para mí, se volvieron más oscuras y sin estrellas. Y es que la luna ha sido testigo de cómo la ame con toda mi alma, cómo la bese con tanta pasión y cómo le lloré lagrimas de amor.

Pero ahora, siento que mi corazón ya no la extraña tanto como antes. Ha sabido superarse ante el dolor. Sólo que a veces, cuando salgo a caminar o echado en mi cama, recuerdo los momentos felices que pasé junto a Ella. Por eso no prefiero estar solo porque sé que el silencio me hablará de Ella.

Me pregunto si Ella también pasó lo mismo que yo: llorar amargas noches, y en el día, pensar en que volvería. Quizás ya está con alguien, o tal vez aún piensa en mí. No lo sé. Solo deseo que este bien, feliz y contenta.

Y si algún día me la cruzo por la calle, haré como si nunca la conocí. Será una extraña más, una persona más en toda la ciudad.

En el baúl quedarán guardados aquellos momentos en que los dos juntos salíamos a caminar a la playa cuando el sol se ocultaba y el cielo se pintaba de un color naranja, la primera vez cuando la besé frente al mar, los abrazos fuertes en el parque, los te quiero y te amo; la música en que solíamos bailar; todo, absolutamente todo, permanecerá encerrado con candado en mi corazón. Solo Ella podrá abrirla y nadie más.

miércoles 1 de octubre de 2008

Cuando tú mejor amiga no sabe el secreto

Estás a su costado, mientras que Ella está sentada en su carpeta, la vez con ternura como escribe en su cuadernito rojo bien forradito con Vinifan, observas y babeas como Ella está prestando atención ha la clase, copiando lo que está escrito con plumón negro en la pizarra blanca; tu mayor esperanza es que te mire a ti, sueñas con esos profundos deseos en conquistarla, amarla y respetarla hasta que la muerte los… “Hey, alumno, preste atención”, escuchas la voz fuerte de un profesor que te hace pisar tierra, arruinándote ese sueño tan hermoso, donde todos voltean a verte y se ríen en tu propia cara, haciéndote quedar como ridículo frente a todo el salón, y lo peor todo, frente a Ella.

Esa Ella es tu mejor amiga, tu ‘chochera’, tu ‘pataza’, aquella compañera de aula, pero sobre todo: tu amor platónico, un extraño romance que no estas seguro de si mandártela o no; porque sabes que tu ‘amiguita’ te ve con ojos de ‘pata’ bacán, chévere, divertido, confesor y consejero a la vez, pero-sobre todo, y creo que el más doloroso- eres el primero en saber quién le gusta, (Ahí si que dolió) ruegas a los santos para que algún día suene de sus propios labios un: tú.


Sabes que siempre la vas a pasar bien con Ella. Eres cómplice de sus encantadoras travesuras: le pasas las respuestas del examen, le ayudas (o le haces) las tareas, nunca le niegas favores, y siempre estás ahí para escucharla, a la hora que sea y en el lugar donde sea, no importa que te veas o te digan ‘huevón’ tus ‘patazas del alma’, con tal de complacerla, haces oídos sordos a los demás.

Pero cuando conversas con ella, durante el recreo o en el parque, te pide que le ayudes, no sabe qué hacer, necesita de eso consejos sabios y únicos que tu sueles dar, eres el hombre más feliz de la tierra, la estas pasando súper a la lado de la persona que más amas, tu eres el Rey y ella una esclava que te escucha con profunda atención; ahí todo va bien. El mundo conspira a tu favor. Y al final de la charla, cuando suena la campana o la llaman, a la hora de la despedida, te lanza una frase que te deja clavado un cuchillazo en el corazón, diciéndote:” “siempre serás mi mejor amigo,”… la última palabra suena como un eco en tus oídos; y agrega, “te quiero mucho, amigo”. Cómo si no le bastara con decírtelo una vez. De que sirve que te quiera si siempre lo va ha rematar con AMIGO, y nada más. Te haces preguntas como: ¿Por qué solo me vez como compañero, acaso no la pasas bien conmigo?; ¿por qué buscas algo entre lo ya encontrado? Le has cantado y dedicado varias veces esa canción de Reik en su cara ‘pelada’, dándole pistas o señales de lo que uno siente:

Lo que no sabes
Es que yo quisiera ser
Ése por quien
Te desvelas y te desesperas,
Yo quisiera ser tu llanto,
Ese que viene de tus sentimientos,
Yo quisiera ser ese por quien
Tú despertaras ilusionada,
Yo quisiera que vivieras
De mi siempre enamorada



En algunas ocasiones te invade ese sentimiento del ‘ya no puedo más’. Te sientes como un volcán a punto de erupcionar y derramar por todo tu cuerpo ardientes lavas de amor; ¡que se entere de una vez tus sentimientos más profundos! Ya que chucha. Pero sabes que te arriesgas a dos posibilidades: uno, que te acepte y te confiesa que Ella también siente lo mismo por ti; y lo otro, que seas choteado, “Tú sabes que yo siempre te he querido como un mejor amigo, nada más; y para colmo, en algunas ocasiones, no te hablan por un buen tiempo, o sea, te quedas sin su amistad y sin su amor.


En conclusión: ¿Será bueno declararte ante tu mejor amiga?; ¿Si o no?
Y si lo haces, y su respuesta es no ¿te seguirá tratando igual? Es por eso que desde ahora he jurado nunca más enamorarme de mi mejor amiga.

martes 2 de septiembre de 2008

Amor de verano

Salí de la piscina. El sol broncea mi piel blanca. El shor azúl empapado se pega a mí trasero; siento como pequeñas gotitas rosan mi pierna y caen lentamente hasta llegar al último dedo de mi pie . Mi cabello aún está mojado. Mí cuerpo delgado y no muy alto tiembla como un gato recien salido del agua.
Decido caminar por el borde de la piscina. Veo a la gente como se baña: Grandes y pequeños se sambullen en el agua. Una pelota de plástico se pasea de mano en mano. Un grupo de jóvenes hacen competencia para ver quién reciste más bajo el agua. Algunos nadan de aquí para allá. Era una piscina llena de felicidad.
Una mujer pasó por mi costado exibiendo todo lo que la naturaleza le ha dado: una cintura de curvas fenomenales, unos pechos no tan grandes pero bien formados; y un par de piernas que solo Dios sabe cuántas corridas al día se hacía; lleva un bikini azúl con dibujitos de florecitas; un grupo de muchachos, al verla, se quedaron anonadaros con el tremendo trasero que tenie aquella mujer, comenzaron a gritarle piropos de alto voltaje. Una señora seca de arriba a bajo a su hijo con una toalla de miky mouso. Sentado en una banca, un hombre obeso debora rápidamente un pan com pollo. En fin, todos nos bronceamos al mediodía en el club campestre de Chosica.
Luego de haber paseado bajo un sol infernal, decidí meterme nuevamente a la piscina. No quiería quedarme con una piel rojizo y pelado, pensaba. Entré lentamente para acostunbrarme a la temperatura fría del agua.. Me sambullo para estar totalmente mojado. Traté de nadar, pero era imposible. La piscina está repleta de gente. Algunos me patearon y con otros me topé . Era un caos. Por un momento pensé en quitarme de ahí e irme a mi casa. Pero luego me resigné. Me acordé que Daniel me invitó a este club con el propósito de acompañarlo, y sobre todo, en hacerle el 'bajo'.
Tomé una decisión. Buscaré en alguna de las esquinas de la piscina un lugar donde prodé estar solo, bañandome, como un niño que no sabe nadar y decide agarrase del borde o quedarse en la escalera, pensaba. Así lo hice. Encontre mi lugar. Nade y me quede ahí. El sitio me gustaba. Ya nadie me puede empujar o patiar, yo solo me formé imaginariamente mi territorio. Pero no todo era paz; a escazos metros de mí, un grupo de niños juegan con sus manos a salpicarse el agua. En fin.
Ha pasado un bien tiempo que no lo encuentro a Daniel. Lo busco por todas partes y nada que ver. Sé que se había ido con su enamorada; sé también, que solo me invitó como pretesto para que pudiera darle permiso su madre. Le había engañado diciéndole que iriamos solos. Tuvo que usarme como su plan, porque él sabía que su madre no lo dejaría ir con alguien desconocido, y mucho menos, con una muchachita de barrio. Aquella señora se tragó el cuentazo que le había dicho su hijo, si mamá, solo iremos mi causa- así me dice él- y yo. Nadie más. Su madre nunca iba permitir que su hijo tenga enamorada, no, nada que ver, tenie que ser primero sus estudios, nada de estar andando por ahí, destras de quellas zorritas. Ella se iba a encargar de buscarle una chica de su clase. Pero lo que no sabía esta probe mujer es que su hijo ya estaba templado, enamorado, babeando por una mujer que cursa el quiento año de secundaria en un colegio estatal. Ya se habían conocido hace un mes, con su primera cita y su besito incluido, y otra vez se iban a volver a encontrar en este club campestre, para estar juntitos todo un fin de semana, amándose apasionamente. Pobre señora.
He escuchado por ahí que en el amor "todo vale", y calro; vale mentir a la madre, al padre, etc. y hasta pagar millonada y media por solo ver a tu dulce amada. Bueno, en este caso, Daniel sólo me dió 50 soles como recompensa.
La piscina parece olimpica, mide dos metros de profundidad, cincuenta de hancho y cien de largo. A Fuera de la piscina hay un hombre con cuerpo de atleata, con calzonzillo rojo y de polo amarillo con letras que dicen:"Salvavidas"; duerme con un niño inofensivo sentado en una silla blanca de madera.
Habían pasado dos horas que no lo veía a Daniel ni a Blanquita, su enamorada. Me imaginaba a los dos juntitos paseando por ahí en el club, agarraditos de las manos y diciéndose cursilería y media.
Hey, amigo!, oye tú, si tú... escucho una voz de una muchacha de cabellos lazios y de cara bonita, sus ojos celestes me llamó su atención, pero más aún su lunar que lo tiene arriba de sus labios. Tipo a lo Cindy Crafor. No lo poía creer. ¿En verdad me llamaba a mí? Giré por todo los lugares para saber si en verdad era yo o si era otra persona. No voltees tonto, sí, tú, voltea... me decía. Luego de haber comprobado y estar plena mente convencido de que era yo quien me llamaba, me acerqué hasta donde estaba ella. Pude comprobar que era más alta que yo y que su piel era má blanca como la niebe. Su cuerpo le hace juego con su bikini rosado. Tiene pecas en el rostro y se le ve más bella aún con el cabello mojado.
-Disculpa, amigo, pero... yo te conozco de otro lugar. ¿acaso no te acuerdas de mí?....
- No, bueno... a decir verdad, no.
- Ha, lo que pasa es que tengo un amigo que se parece mucho a tí....pero, sorry por molestarte, ya me voy-
(que ya te vas, no seas imbécil, no dejes escapar aquella dulsura de mujer)
-No, amiga, espera...bueno, la verdad, es que sufro un poco de retrazo mental... je je je. Mentira, era broma (qué idiota!)No sé quién eres, pero me daría mucho gusto conocerte. Claro, si usted lo desea?
- Oks, señor, olvidadizo. je je. Mi nombre es Johana.
(johana, qué bonito nombre)
Le dije mi nombre
- Te gustaría caminar por ahí- me dijo johana, todo coqueta como la primera vez en que cruzamos palabras. Su encanto de niña nice me hacía recorda a esas pequeñas chiquillas pituquitas.
Salímos de la piscina. Me llevó hasta el lugar donde guardaba sus cosas. Se secó con la toalla blanca su hermoso cuerpo de arriba a bajo: su cabello castaño, sus senos, su cintura y terminando por sus piernas delgas. Me envitó su gaseosa Coca-cola lieght, para estar en forma, me decía.
Caminos por todo el campo. Johana me contó que tenía 19 años. Cursaba el VI ciclo de literatura en la Pacífico. Amarrados desde un trnco, un paraja de caballos nos miran al pasar. Los mosquitos volaban a mi alrededor y me pigaban los brazos. Conversamos de diferentes temas, qué si te gusta tal grupo músical, claro, como no, ese grupo es bravazo; Que aquella película lo vi por Cinemark, y estuvo buenza. Aquel libro poético de cuyo autor me encanta, a mi también; y cosas por el estilo.
Los minutos se pasaron volando. Durante la conversación, sentía que ella me miraba tímidamente. Dos huequitos se le formaban a los costados cada vez que se reía. Agradecía a Dios porque me había enviado a una compañera con quien charla y no estar solo, como un mongo, vagando por ahí, perdiendo el tiempo y sin nada que hacer. Verdad, ¿y Daniel? me pregunté (qué importa Daniel, ni si quiera se ha percatado de ti, tu sigue nomás, campeón )
Johana me cambio la forma de ver el club; tuve la sensación de que todo lo veía todo mal, inperfecto; y renegaba por estar en ese cochino y apestoso lugar. Pero ahora todo eso desapareció, lo ví más limpio y reluciente, y al campo más verde que nunca. Qué me hizo esta mujer, ¿acaso me había embrujado? Qué importa. Si es así, dejalo así.
Continuará...

domingo 17 de agosto de 2008

Pasión por la música

Desde pequeño siempre me ha gustado la música. Vengo de una familia de músicos y será por ahí que me nace esa pasión por escuchar y tocar todo tipo de música: Rock, Salsa, Balada, Cumbia y hasta Chacalón... También me vacilan las canciones antiguas, de antaño: Carmencita Lara, Camilo Sesto, entre otros; Los he oído cada vez que mi madre limpiaba la casa. Subía a todo volumen la radio y a mí, la verdad, al principio renegaba cada vez que lo escuchaba, pero después, con el tiempo, me acostumbré ha esas canciones que tanto le gustaba y le hacía recordar a mi madre cuando era adolescente.

Me gusta mucho tocar la percusión. Recuerdo cuando tenía seis años, me iba a la cocina de mi madre, agarraba dos ollas metálicas y una sartén. Luego, me dirigía al repostero y cogía dos cucharones de madera, los cuales me iban ha servir como baquetas; Después de haber cogido todos mis implementos que me iban ha servir para jugar, me dirigía al patio de mi casa, sin que mi madre se diera cuenta, y me ponía a tocar mi improvisada batería. Me alucinaba, según yo, tener un conjunto inmenso, grande, como los mejores baterístas del mundo, que son: Alex, baterista de Maná, Danny Carey of Tool, Keith Moon of Who y John Bonham of Led Zeppelín. Aquellos hombres que tocan profesionalmente el instrumento. Soñaba con la idea de llegar algún día ser como ellos.

Así me pasaba horas y horas jugando; haciendo ruido toda la tarde. En mi imaginación infantil, podía verme en un escenario iluminoso, con una muchedumbre aplaudiéndome inmensamente y gritando fuertemente mi nombre…Pero de pronto, una fuerte voz gritaba a todo pulmón dentro de mi casa y no era cosa de mi imaginación: era mi madre que me llamaba. Ella se daba cuenta de mi travesura que había hecho. Me resondraba y me gritaba por haber agarrado sin permiso sus cosas de la cocina y sobre todo por romper sus cucharones de madera que le había regalado, con tanto cariño, mi abuela en el día de su boda. Quizás por esa razón siempre le regalo a mi mamá sartenes y ollas en el día de la madre.

Nunca me olvido de esa anécdota, siempre lo tengo presente. Ahora entiendo por qué mi abuelo me decía:"El músico". Su frase quedó grabada en mi mente y en mi corazón.

viernes 15 de agosto de 2008

Smolestudiensts

Soy un joven alegre, sentimental y dinámico. Con esa tres palabas me podría definir. Tengo 18 años. Estudio la carrera de Ciencia de la comunicación y lo curioso es que aún no me decido por cual rama elegir: prensa, radio, publicidad, cine, en fin; todas estas opciones me han llamado la atención; complicandome un poco la vida estudiantil.

Mi estaura es pequeña, pero con la mentalidad y la espiritualidad de un gigante. En pocas palabras soychato, pero grande de corazón. "CHATO" ese es mi apodo que todos mis amigos de confianza me dicen; y creo que esa frase me ha seguido desde la primaria; y ha decir verdad, no me molesta que me lo digan.(si no es en tono burlón).

En el plano sentimental estoy practicamente solo. "Solo muy solo", como diria la canción del grupo caliente. Hace exactamente siete meses terminé una relación con una chica que conocí en vacaciones, sí solo eso fue...un amor de verano. Y desde esa fecha aún no encuentro a una que me robe un susprio, un sueño, un abrazo, unbeso...en fin.

Me gusta ir a fiestas, tomar algunas cervesas o piscos(dependiendo el bolsillo) y pasarla bacán con mis amigos. En la pista de baile se puede decir que me defiendo. No soy un bailrin profesional ni tampoco un pata que haga el mismo paso de baile en toda la noche. Fumo de vez en cuando. Y rara vez me emborracho.

Bueno que más puedo escribir sobre mí. Amiguero, juerguero, cariñoso, jugueton, romanticón eso es lo que soy. Y falta más...quedénse con la curiosidad. jeje