martes, 2 de septiembre de 2008

Amor de verano

Salí de la piscina. El sol broncea mi piel blanca. El shor azúl empapado se pega a mí trasero; siento como pequeñas gotitas rosan mi pierna y caen lentamente hasta llegar al último dedo de mi pie . Mi cabello aún está mojado. Mí cuerpo delgado y no muy alto tiembla como un gato recien salido del agua.
Decido caminar por el borde de la piscina. Veo a la gente como se baña: Grandes y pequeños se sambullen en el agua. Una pelota de plástico se pasea de mano en mano. Un grupo de jóvenes hacen competencia para ver quién reciste más bajo el agua. Algunos nadan de aquí para allá. Era una piscina llena de felicidad.
Una mujer pasó por mi costado exibiendo todo lo que la naturaleza le ha dado: una cintura de curvas fenomenales, unos pechos no tan grandes pero bien formados; y un par de piernas que solo Dios sabe cuántas corridas al día se hacía; lleva un bikini azúl con dibujitos de florecitas; un grupo de muchachos, al verla, se quedaron anonadaros con el tremendo trasero que tenie aquella mujer, comenzaron a gritarle piropos de alto voltaje. Una señora seca de arriba a bajo a su hijo con una toalla de miky mouso. Sentado en una banca, un hombre obeso debora rápidamente un pan com pollo. En fin, todos nos bronceamos al mediodía en el club campestre de Chosica.
Luego de haber paseado bajo un sol infernal, decidí meterme nuevamente a la piscina. No quiería quedarme con una piel rojizo y pelado, pensaba. Entré lentamente para acostunbrarme a la temperatura fría del agua.. Me sambullo para estar totalmente mojado. Traté de nadar, pero era imposible. La piscina está repleta de gente. Algunos me patearon y con otros me topé . Era un caos. Por un momento pensé en quitarme de ahí e irme a mi casa. Pero luego me resigné. Me acordé que Daniel me invitó a este club con el propósito de acompañarlo, y sobre todo, en hacerle el 'bajo'.
Tomé una decisión. Buscaré en alguna de las esquinas de la piscina un lugar donde prodé estar solo, bañandome, como un niño que no sabe nadar y decide agarrase del borde o quedarse en la escalera, pensaba. Así lo hice. Encontre mi lugar. Nade y me quede ahí. El sitio me gustaba. Ya nadie me puede empujar o patiar, yo solo me formé imaginariamente mi territorio. Pero no todo era paz; a escazos metros de mí, un grupo de niños juegan con sus manos a salpicarse el agua. En fin.
Ha pasado un bien tiempo que no lo encuentro a Daniel. Lo busco por todas partes y nada que ver. Sé que se había ido con su enamorada; sé también, que solo me invitó como pretesto para que pudiera darle permiso su madre. Le había engañado diciéndole que iriamos solos. Tuvo que usarme como su plan, porque él sabía que su madre no lo dejaría ir con alguien desconocido, y mucho menos, con una muchachita de barrio. Aquella señora se tragó el cuentazo que le había dicho su hijo, si mamá, solo iremos mi causa- así me dice él- y yo. Nadie más. Su madre nunca iba permitir que su hijo tenga enamorada, no, nada que ver, tenie que ser primero sus estudios, nada de estar andando por ahí, destras de quellas zorritas. Ella se iba a encargar de buscarle una chica de su clase. Pero lo que no sabía esta probe mujer es que su hijo ya estaba templado, enamorado, babeando por una mujer que cursa el quiento año de secundaria en un colegio estatal. Ya se habían conocido hace un mes, con su primera cita y su besito incluido, y otra vez se iban a volver a encontrar en este club campestre, para estar juntitos todo un fin de semana, amándose apasionamente. Pobre señora.
He escuchado por ahí que en el amor "todo vale", y calro; vale mentir a la madre, al padre, etc. y hasta pagar millonada y media por solo ver a tu dulce amada. Bueno, en este caso, Daniel sólo me dió 50 soles como recompensa.
La piscina parece olimpica, mide dos metros de profundidad, cincuenta de hancho y cien de largo. A Fuera de la piscina hay un hombre con cuerpo de atleata, con calzonzillo rojo y de polo amarillo con letras que dicen:"Salvavidas"; duerme con un niño inofensivo sentado en una silla blanca de madera.
Habían pasado dos horas que no lo veía a Daniel ni a Blanquita, su enamorada. Me imaginaba a los dos juntitos paseando por ahí en el club, agarraditos de las manos y diciéndose cursilería y media.
Hey, amigo!, oye tú, si tú... escucho una voz de una muchacha de cabellos lazios y de cara bonita, sus ojos celestes me llamó su atención, pero más aún su lunar que lo tiene arriba de sus labios. Tipo a lo Cindy Crafor. No lo poía creer. ¿En verdad me llamaba a mí? Giré por todo los lugares para saber si en verdad era yo o si era otra persona. No voltees tonto, sí, tú, voltea... me decía. Luego de haber comprobado y estar plena mente convencido de que era yo quien me llamaba, me acerqué hasta donde estaba ella. Pude comprobar que era más alta que yo y que su piel era má blanca como la niebe. Su cuerpo le hace juego con su bikini rosado. Tiene pecas en el rostro y se le ve más bella aún con el cabello mojado.
-Disculpa, amigo, pero... yo te conozco de otro lugar. ¿acaso no te acuerdas de mí?....
- No, bueno... a decir verdad, no.
- Ha, lo que pasa es que tengo un amigo que se parece mucho a tí....pero, sorry por molestarte, ya me voy-
(que ya te vas, no seas imbécil, no dejes escapar aquella dulsura de mujer)
-No, amiga, espera...bueno, la verdad, es que sufro un poco de retrazo mental... je je je. Mentira, era broma (qué idiota!)No sé quién eres, pero me daría mucho gusto conocerte. Claro, si usted lo desea?
- Oks, señor, olvidadizo. je je. Mi nombre es Johana.
(johana, qué bonito nombre)
Le dije mi nombre
- Te gustaría caminar por ahí- me dijo johana, todo coqueta como la primera vez en que cruzamos palabras. Su encanto de niña nice me hacía recorda a esas pequeñas chiquillas pituquitas.
Salímos de la piscina. Me llevó hasta el lugar donde guardaba sus cosas. Se secó con la toalla blanca su hermoso cuerpo de arriba a bajo: su cabello castaño, sus senos, su cintura y terminando por sus piernas delgas. Me envitó su gaseosa Coca-cola lieght, para estar en forma, me decía.
Caminos por todo el campo. Johana me contó que tenía 19 años. Cursaba el VI ciclo de literatura en la Pacífico. Amarrados desde un trnco, un paraja de caballos nos miran al pasar. Los mosquitos volaban a mi alrededor y me pigaban los brazos. Conversamos de diferentes temas, qué si te gusta tal grupo músical, claro, como no, ese grupo es bravazo; Que aquella película lo vi por Cinemark, y estuvo buenza. Aquel libro poético de cuyo autor me encanta, a mi también; y cosas por el estilo.
Los minutos se pasaron volando. Durante la conversación, sentía que ella me miraba tímidamente. Dos huequitos se le formaban a los costados cada vez que se reía. Agradecía a Dios porque me había enviado a una compañera con quien charla y no estar solo, como un mongo, vagando por ahí, perdiendo el tiempo y sin nada que hacer. Verdad, ¿y Daniel? me pregunté (qué importa Daniel, ni si quiera se ha percatado de ti, tu sigue nomás, campeón )
Johana me cambio la forma de ver el club; tuve la sensación de que todo lo veía todo mal, inperfecto; y renegaba por estar en ese cochino y apestoso lugar. Pero ahora todo eso desapareció, lo ví más limpio y reluciente, y al campo más verde que nunca. Qué me hizo esta mujer, ¿acaso me había embrujado? Qué importa. Si es así, dejalo así.
Continuará...

2 comentarios:

Sei dijo...

uau uau uau!!
sigue sigue quiero leersh!"!
que pasará
no me digas que...
hahaha espero la segunda parte ^^

Sangre Azul dijo...

Jaja que buena!, interesante ah! quiero leer el final.Buena descripción(eso quiero lograr yo, aunque todavía no practico jeje) aunque si le agregas olores sería genial. Saludos.